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Juan Félix Sánchez, el Maestro del Silencio

El 16 de mayo del año 1900 nace Juan Félix Sánchez, hijo de Vicenta Sánchez y Benigno Sánchez, en San Rafael de Mucuchíes, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, en el pueblo más alto del estado Mérida, de los Andes venezolanos y –como es de suponer- de Venezuela. 

De su padre aprendió a reparar y construir objetos de carácter utilitario, Isaina Dávila le enseño a tejer cobijas y ruanas, de un anciano indígena aprendió a relacionarse con las piedras y su madre le enseño a rezar.


Creció -como todos los niños de San Rafael- corriendo por el páramo, jugando con bestias, ríos y palos y piedras, jugando con el páramo…



"Juan Félix Sánchez"
Juan Félix Sánchez fue agricultor, arriero, pintor, mago, equilibrista, maromero, Presidente de la Junta Comunal de San Rafael, titiritero, payaso y Juez, arquitecto, escultor, ingeniero empírico y narrador, entre otras cosas.
"Epifania Gil"
Epifania Gil. Fotografía: Víctor Álvarez
Viajó a ciudades importantes como Caracas, Maracaibo y Trujillo en varias ocasiones, y a otras ciudades y centros poblados rurales.
Toda su vida manifestó su sensibilidad social en acciones concretas. Participó bajo la dirección del sacerdote Ángel Sánchez Alcántara, en la reconstrucción de la iglesia de San Rafael de Mucuchíes, construyó y puso en funcionamiento una turbina para que su pueblo tuviese electricidad.
En 1943, un año después de la muerte de su madre, Juan Félix Sánchez busca a su prima Epifania Gil, para que lo acompañe y le ayude en su intención de mudarse páramo adentro… “a hacer oración en el Potrero, más o menos”, según sus propias palabras.
El viaje a El Potrero, es el inicio de la gesta estética de Juan Félix Sánchez, entendiendo la palabra estética en su más amplia significación. La capacidad de este hombre del páramo para obtener goce o complacencia ante las formas parameras se expresa en frases como estas:
“Esto siempre ha sido muy bonito. Para mi ha sido, no sé si para los demás. Esta fue una de las razones por las que me fui quedando aquí. La belleza, hay que apreciar la naturaleza. Uno está complacido con mirar este pico, estos árboles”.
Esta “complacencia” se manifestará en la “fealdad” de la que partipa la totalidad de su obra, al respecto el mismo Juan Félix dirá:
“Dios, creó las criaturas. A los palos y las piedras también. Por eso amándolas a ellas, amamos a Dios”.
“A mí me gusta lo feo, porque me viene en gracia, aunque a los demás no les guste”. “pa` mi lo feo es lo natural”.

Esta “fealdad” tan particular, es un tanto cercana a la teología franciscana, cuando esta encuentra a Dios a través de la contemplación de Su Creación. Aquí la estética amplía sus límites hasta la teología y el misticismo, y recuerda a todas las culturas teocéntricas y su relación con la Naturaleza. Es este tipo de cosmovisión la que permite y motoriza la obra de Juan Félix Sánchez. Este sistema de relaciones estéticas se traduce en la identificación de formas de las Naturaleza con lo humano y lo sagrado, en una suerte de comunión entre las formas naturales de “las piedras y los palos”, que a partír de la trans-substanciación que permite su cosmovisión desencadena algún tipo de trascendencia de la individualidad de los seres y las cosas, tanto del sujeto como del objeto, haciendose uno con él y en él y en Dios.
La Capilla del Filo de El Tisure, la Capilla de San Rafael de Mucuchíes, la casa de El Potrero, El Bohío y demás capillas pequeñas, sus murales (ya desaparecidos), sus tejidos únicos hechos a telar de tres pedales, las tallas de El Calvario, los santos y las vírgenes y su relación con los materiales que utiliza dan testimonio de su estética teocéntrica orientada a la naturaleza.
Juan Félix Sánchez muere el 18 de abril de 1997.


"Capilla Juan Félix Sánchez"


"techo de capilla Juan Félix Sánchez"


"Frente de capilla Juan Félix Sánchez"


"Talla madera Juan Félix Sánchez"

"El tisure Juan Félix Sánchez"


"Juan Félix Sánchez y epifania gil"

Fuente: Vereda
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